Las Indias Negras
Las Indias Negras Pero en ese instante se produjo un incidente que fue como la gota de agua fría, que iba momentáneamente a condensar todos los vapores de ese cerebro. Simon le aguardaría en la estación de Callander. En efecto. A las dieciocho, el tercer correo del día dejó en manos del criado de James Starr una segunda carta.
Esta nueva misiva llegaba en un sobre de mala calidad, y la letra indicaba una mano poco acostumbrada a manejar la pluma. James Starr abrió el sobre, que contenía tan sólo un trozo de papel amarillento por el tiempo, que parecía haber sido arrancado de algún antiguo cuaderno fuera de uso.
En ese papel había una sola frase:
"Es inútil que el ingeniero James Starr se moleste. La carta de Simon Ford ya no tiene objeto.”
No llevaba firma.
CAPITULO 2
El curso de las ideas de James Starr fue bruscamente interrumpido, cuando recibió esta segunda carta, que contradecía la primera.
