Las Indias Negras
Las Indias Negras -No, hija mía. . . -repuso el ingeniero-. Soñaste que dormías. La noche era clara. En el pequeño puerto de Gronton había solamente tres o cuatro barcas de pesca, que se balanceaban dulcemente a la corriente del golfo. Harry tomó la mano de Nell. Los dos siguieron a James Starr y Jack Ryan, que avanzaban por las calles desiertas. En el pensamiento de Nell este barrio de la capital no era más que un conglomerado de casas sombrías, que le recordaban a Coal City, con la única diferencia que la cúpula estaba más elevada que en la mina. .
-¿No estás fatigada? -preguntó Harry después de media hora de marcha.
-No -repuso la joven-, ¡me parece que mis pies no tocan la tierra!
-Yo también experimento ese efecto cuando estoy algún tiempo sin salir de la mina. . . -dijo Jack Ryan.
-Eso se debe a que no nos sentimos aplastados por la bóveda de piedra que cubre Coal City -explicó James Starr-Parece entonces que el firmamento es como un abismo profundo en el que uno se siente tentado de arrojarse...
Caminando entre las calles dormidas de la capital, llegaron a Canongate. El reloj de la catedral gótica dio dos campanadas. Mientras marchaban, James Starr dio muchas explicaciones sobre acontecimientos históricos acaecidos en la vieja Edimburgo, en el palacio de los antiguos reyes, el Holyrood.