Las Indias Negras
Las Indias Negras El día comenzaba con un hermoso sol, libre de esas brumas británicas que lo cubren tan a menudo. Ningún detalle de ese paisaje que se desarrollarla a lo largo de cincuenta y cinco kilómetros debería escapar a los ojos de los viajeros. Nell, sentada entre James Starr y Harry, aspiraba a pleno pulmón, captando con todos sus sentidos la poesía soberbia de la hermosa naturaleza de Escocia. Jack Ryan iba y venía por la cubierta del "Sinclair", interrogando al ingeniero sin cesar, que por otra parte no tenía necesidad de ser interrogado. A medida que el país de Rob Roy se manifestaba ante sus ojos, lo describía con la admiración de un entusiasta. En las primeras aguas del lago Lomond aparecieron pronto numerosas islas o islotes. Era un verdadero semillero. El "Sinclair" bordeaba sus costas escarnadas, y desde el barco se advertían los diseños caprichosos de esas tierras.
-Cada uno de esos islotes tiene su leyenda, Nell -explicó James Starr-. Y probablemente también su canción, como las montañas que encuadran el lago. Se puede decir, sin temor a exagerar, que la historia de esta región está escrita con sus islas Y montañas haciendo las veces de gigantescas letras...
-¿Sabe usted que esta parte del lago Lomond me recuerda las descripciones que del lago Ontario ha hecho Cooner? -hizo notar Harry, y dirigiéndose a la muchacha agregó: