Las Indias Negras
Las Indias Negras Ese nombre habÃa sido una verdadera revelación para el viejo capataz. Era el del último "penitente" de la mina Dochart. Antiguamente, antes del invento de las lámparas de seguridad, Simon Ford habÃa conocido a ese hombre salvaje, que, arriesgando su vida, diariamente producÃa las explosiones parciales de gas grisú. Siempre habÃa sido un ser extraño, acompañado constantemente por un enorme búho, que le servÃa para llevar la mecha encendida allà donde él no alcanzaba. Un dÃa el viejo desapareció, y al mismo tiempo que él una huerfanita nieta suya. Esa niña era, evidentemente, Nell. Asà pues, ambos habÃan vivido quince años en algún oculto abismo de la mina, hasta el dÃa en que Harry rescató a la muchacha. El viejo capataz, sintiéndose presa de un sentimiento que era al par cólera y piedad, explicó al ingeniero y a su hijo lo que el nombre de Silfax significaba.
Eso aclaraba toda la situación. Silfax era el ser misterioso a quien buscaran vanamente tanto tiempo, y que provocara todos los extraños accidentes en la mina.
-Pero. . . --quiso saber James Starr-, ¿qué quieren decir esas palabras: "Tú me has robado el último filón de nuestras viejas hulleras"...?
