Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China Cuya conclusión, por singular que sea, no sorprenderá quizá al lector
—¿Qué hay, señores? —preguntó al dÃa siguiente, por la mañana, el ilustre William J. Bidulph, a los señores Craig y Fry, agentes especialmente encargados de vigilar al nuevo cliente de la Centenaria.
—Le seguimos ayer, —dijo Craig—, durante todo el largo paseo que dio por la campiña de Shanghai.
—No parecÃa llevar intención ninguna de matarse, —añadió Fry.
—Cuando llegó la noche, le escoltamos hasta su puerta.
—Por desgracia, no pudimos entrar.
—¿Y esta mañana? —preguntó William J. Bidulph.
—Hemos sabido que estaba tan firme…
—Como el puente de Pal-ikao, añadió Fry.
