Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China En el cual se oye el célebre romance de las cinco vÃsperas del centenario
Señores, dijo Kin-Fo a sus dos guardias de corps, cuando se detuvo la carretilla en el arrabal de Tong-Cheu, no estamos ya más que a 40 lis[7] d e PekÃn, y mi intención es detenerme aquà hasta que haya pasado el plazo convenido entre Wang y yo. En esta ciudad de 400 000 almas, será fácil permanecer desconocido, si Sun no olvida que está al servicio de Kin-Nan, simple negociante de la provincia de Tong-Cheu.
No, seguramente, Sun no lo olvidarÃa. Su torpeza le habÃa costado desempeñar durante los últimos ocho dÃas el oficio de caballo, y esperaba que el señor Kin-Fo…
—Kin… —dijo Craig.
—Nan… —añadió Fry…
Le volverÃa, al desempeño de sus funciones habituales. En aquella ocasión, atendido el estado de cansancio en que se hallaba, pedÃa permiso al señor Kin-Fo.
—Kin… —dijo Craig.
—Nan… —añadió Fry…
Para dormir 48 horas a lo menos, sin quitarse la brida o, mejor dicho, sin brida, ni nada.
—Durante ocho dÃas si quieres, —respondió Kin-Fo—. Si duermes, al menos estaré seguro de que tendrás quieta la lengua.

