Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China En el cual se presentan de un modo más claro los caracteres de Kin-Fo y del filósofo Wang
Kin-Fo, acababa de dar aquella comida de despedida a sus amigos de Cantón, había pasado en esta capital de provincia una parte de su adolescencia. De los muchos compañeros que cuenta un joven rico y generoso, los cuatro convidados del barco-flor eran los únicos que le quedaban en aquella época. Le hubiera sido imposible reunir a los demás que se habían dispersado según las vicisitudes de la vida.
Habitaba entonces en Shanghai y, para pasear su aburrimiento y divertirle con un cambio de aires, había ido a residir unos cuantos días en Cantón. Pero aquella noche misma debía tomar el vapor que hace escala en los puntos principales de la costa y volver tranquilamente a su Yamen. Si Wang había acompañado a Kin-Fo, era porque el filósofo no se separaba nunca de su discípulo, prodigándole con frecuencia sus lecciones, de las cuales éste, por lo demás, no hacía ningún caso. Eran otras tantas máximas y sentencias perdidas; pero la máquina de teorías, como le había llamado el epicúreo Tsin, no se cansaba de producirlas.
