Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China En el cual Kin-Fo, todavÃa soltero, comienza a correr de nuevo a toda prisa
Tal era la situación en que se hallaba Kin-Fo, mil veces más grave que lo habÃa sido nunca.
Wang, a pesar de la palabra que habÃa dado, habÃa sentido debilitarse su valor al llegar el momento de herir a su joven discÃpulo. Es decir, que Wang no sabÃa nada del cambio acaecido en la fortuna de Kin-Fo, pues que en su carta nada le decÃa. ¡Y Wang habÃa encargado a otro el cumplimiento de su promesa! ¡Y qué otro! Un Tai-Ping temible entre todos, que no tendrÃa escrúpulo en cometer un simple asesinato, del cual ni siquiera le podrÃan hacer responsable, porque la carta de Kin-Fo le aseguraba la impunidad, y el testamento de Wang un capital de 50 000 duros.
—¡Ah! ¡Esto es demasiado! —exclamó Kin-Fo, en el primer movimiento de cólera.
Craig y Fry se enteraron de la misiva de Wang.
—La carta de usted, dijeron a Kin-Fo, ¿no tenÃa la fecha del 25 de junio, como último dÃa del plazo concedido a Wang para cumplir su promesa?
—No tal, —respondió Kin-Fo—. Wang debÃa poner en ella la fecha del dÃa de mi muerte. Ahora, ese Lao-Sen puede matarme cuando le parezca, sin tener para ello plazo determinado.
—Es verdad, —dijeron Craig y Fry—; pero tiene interés en ejecutar la muerte en breve.
