Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China Donde se verá a lo que se exponen los que emplean los aparatos Boston
Tres horas después, los albores del alba se anunciaban ligeramente en el horizonte. Pronto se hizo de dÃa y el mar pudo ser observado en toda su extensión.
El junco se habÃa perdido de vista; pronto habÃa dejado a larga distancia a los escafandros que no podÃan luchar en celeridad con él. HabÃa seguido el mismo rumbo hacia el Oeste bajo el impulso de la misma brisa: pero el Sam-Yep debÃa encontrarse ya a más de nueve leguas de distancia.
AsÃ, pues, nada habÃa que temer de sus tripulaciones.
Sin embargo, evitado este peligro, la situación no por eso es presentaba menos grave.
El mar estaba absolutamente desierto, sin un buque, sin una barca pescadora, sin apariencia de tierra ni al Norte, ni al Este, sin nada que indicase la proximidad de un litoral cualquiera. Aquellas aguas ¿eran las del golfo de Pe-Chi-Li o las del mar Amarillo? Nada se sabÃa, ni habÃa indicio que pudiera darlo a conocer.
Algunas ráfagas movÃan todavÃa la superficie del agua y era preciso aprovecharlas. La dirección seguida por el junco demostraba que más menos próximamente aparecerÃa la tierra al Oeste, y, en todo caso, allà era donde convenÃa buscarla.
