Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China Que hubiera podido ser escrito por el mismo lector, tal es la manera inesperada con que concluye
La Gran Muralla, especie de biombo chino, de 400 leguas de longitud, construida en el siglo tercero por el emperador Tsi-Chi-Wang-Ti se extiende desde el golfo de Leao-Tong, que baña dos de sus torres, hasta el Kan-Su, donde se reduce a las proporciones de una simple tapia. Es una sucesión interrumpida de dobles parapetos defendidos por bastiones y torres de 50 pies de altura y de 20 de anchura, con base de granito y ladrillo en el revestimiento superior, y que siguen audazmente el perfil caprichoso de las montañas de la frontera ruso-china.
Del lado del Celeste Imperio el muro se encuentra en muy mal estado; pero del lado de la Manchuria presenta un aspecto más, tranquilizador, y sus almenas le forman una magnifica orla de piedras. No hay defensores en esta larga línea de fortificaciones, ni tampoco existen cañones. El ruso como el tártaro, el kirghicio como el Hijo del Cielo pueden pasar libremente a través de sus puertas. La mampara no preserva ya la frontera septentrional del Imperio, ni siquiera del polvo fino mogol que el viento del Sur lleva en ocasiones hasta la misma capital.
