Los amotinados de la Bounty
Los amotinados de la Bounty Con sus dieciocho pasajeros, oficiales y marineros y las escasas provisiones que contenía, la chalupa que transportaba a Bligh estaba tan cargada, que apenas sobresalía unas quince pulgadas sobre el nivel del mar. Con una longitud de veintiún pies y un ancho de seis, la chalupa parecía estar especialmente apropiada para el servicio de la Bounty; pero, para contener una tripulación tan numerosa, para hacer un viaje un poco largo, era difícil encontrar alguna embarcación más detestable.
Los marineros, confiados en la energía y la habilidad del capitán Bligh y de los oficiales que compartían su misma suerte, remaban vigorosamente, haciendo avanzar a la chalupa rápidamente sobre las olas del mar. Bligh no tenía dudas sobre la conducta a seguir. Era necesario, en primer lugar, volver lo antes posible a la isla Tofoa que era la más cercana del grupo de las islas de los Amigos, de la cual habían salido algunos días antes; allí era necesario recolectar los frutos del árbol del pan, renovar la provisión de agua y luego dirigirse a Tonga-Tabú. Probablemente se podrían abastecer de provisiones en cantidades suficientes como para intentar la travesía hasta los establecimientos holandeses de Timor, si, debido a la hostilidad de los indígenas, no pudieran hacer escala en algunos de los innumerables archipiélagos existentes en esa ruta.
