Los exploradores del siglo XIX
Los exploradores del siglo XIX «Los hijos con sus mujeres, las hijas con sus maridos,— dice la relación—, viven en ellas juntamente con sus padres. Cada familia ocupa bajo una cortina una de las separaciones practicadas en el ancho costado de la choza. Estas cortinas están hechas de piel de renÃfero, cosidas en figura de campana, y están sujetas a las barras del techo, descendiendo hasta el suelo. Dos, tres personas, y algunas veces más, con la ayuda de la grasa que queman cuando hace frÃo, enrarecen de tal manera el aire bajo esta cortina tan herméticamente cerrada, que durante los grandes hielos, todo vestido viene a ser superfino; pero solamente los pulmones chuktchis pueden respirar en esta atmósfera. En la mitad anterior de la choza están todos los utensilios, la vajilla, las marmitas, las cestas, los sacos de piel de ternera marina, etc.
»Allà está también el hogar, si se puede llamar asà el sitio donde humean algunas ramas de junco recogidas con gran trabajo en los marjales, o en su defecto, huesos de ballena con su grasa. Alrededor de la choza, sobre secadores de madera o de huesos de ballena, se halla extendida la carne de ternera marina, cortada en trozos, negra y repugnante.