Los exploradores del siglo XIX

Los exploradores del siglo XIX

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Por una rareza de todo punto inconcebible, el gobierno tolera esta peste pública. Tienen señaladas para vivir dos calles particulares en la vecindad del Campo de Santa Ana.

»Quien no vea a Río Janeiro más que de día, —dice más adelante el viajero—, podrá figurarse que la población sólo está compuesta de negros. Las personas de buen tono, sin una causa extraordinaria o por deberes religiosos no salen sino de noche, y entonces es sobre todo cuando se dejan ver las mujeres, que durante el día permanecen casi constantemente en casa, dividiendo su tiempo entre el sueño y el tocador; solamente en el teatro y en las iglesias es donde un hombre puede gozar de su presencia».

La navegación de la Urania desde el Brasil hasta el cabo de Buena Esperanza, no fue acompañada de ningún acontecimiento náutico, digno de llamar la atención. El día 7 de marzo echó el ancla en la bahía de la Mesa. Después de una cuarentena de tres días se permitió a los navegantes bajar a tierra, donde les esperaba la más lisonjera acogida por parte del gobernador, Carlos Sommerset. Los instrumentos fueron desembarcados tan pronto como pudo proporcionarse un local conveniente. Hiciéronse los experimentos habituales del péndulo y se observaron los fenómenos de la aguja imantada.


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