Los exploradores del siglo XIX
Los exploradores del siglo XIX El 9 de junio los dos buques dejaron la rada de San Dionisio. Después de haber doblado los bancos de la Fortuna y de Saya de Malla, pasado a la vista de las Sechelles, y entre los escollos Sur de las Maldivas, islas a flor de agua, cubiertas de árboles espesos, y coronadas de bosquecillos de cocoteros, reconocióse la isla de Ceylan, en la costa de Coromandel, y se ancló delante de Pondichery.
Esta parte de la India muy lejos de responder a la idea encantadora que los europeos se hayan dido formar de ella por las descripciones ditirámbicas de los escritores que han celebrado sus maravillas.
Poco considerable es el número de edificios y monumentos en Pondichery; y después que se han visitado las pagodas que es lo que hay de más curioso y las «calderas,» cuya utilidad es su única recomendación, nada hay ya que interese más que la novedad de las escenas qué se renuevan a cada paso en esta ciudad, dividida en dos barrios muy distintos. En uno de ellos está la ciudad blanca, con sus edificios elegantes; pero triste y solitaria; en, el otro, la ciudad «negra» que debe ser la preferida, sus bazares, sus juglares o titiriteros, sus pagodas macizas, y las atractivas danzas de sus bayaderas.
