Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur El cerro se había detenido en la ladera oriental de los Andes, al comienzo de una larga pendiente que poco a poco se transforma en llanura. El lugar estaba cubierto de pastos abundantes y de verdaderos bosques de manzanos que habían sido plantados en la época de la conquista; en otro momento los viajeros se habrían sorprendido por aquel pasaje del desierto al oasis, del invierno al verano.
El terreno había recuperada su absoluta inmovilidad. El terremoto había concluido después de cambiar enteramente la línea de las montañas, en el fondo del cielo azul se destacaba un nuevo panorama de cumbres y picos. Eran ya las ocho de la mañana y el día estaba espléndido. Los cuidados del mayor reanimaron a sus compañeros que poco a poco volvieron a la vida y salieron de su aturdimiento. Casi se podrían haber alegrado de un medio de locomoción tan rápido para bajar de la cordillera, si no fuese porque todos sintieron gran desesperación al advertir la desaparición de Roberto. El más angustiado era Glenarvan que sin poder contener las lágrimas gritaba:
-¡Amigos míos!, ¡amigos míos!, ¡Debemos buscarlo y encontrarlo a toda costa! ¡No podemos abandonarlo! ¿Cómo podríamos seguir buscando al padre si para ello hemos perdido al hijo?