Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Pero era demasiado tarde. El cóndor se habÃa ocultado detrás de las eminencias de un cerro. Pasó un segundo que pareció un siglo y enseguida apareció otra vez con un pesado cuerpo en sus garras que lo obligaba a moverse más pausadamente.
Todos lanzaron un grito de horror al creer reconocer que ese cuerpo inanimado. era el de Roberto Grant. El ave lo tenÃa agarrado de sus ropas y lo balanceaba a menos de cincuenta metros de altura de donde ellos estaban.
-¡Ah! -exclamó Glenarvan-que el cadáver de Roberto se estrelle contra las piedras antes que...
Y sin terminar la frase tomó la carabina de Wilson y trató de disparar, pero le temblaban las manos.
-Déjeme a mà -dijo el mayor.
Y con mano segura apuntó al ave que ya estaba a cien metros de distancia. No habÃa apretado aún el gatillo cuando sonó un tiro en el fondo del valle; la bala dio justo en la cabeza del animal que, mortalmente herido, cayó poco a poco sin soltar su presa. Sus enormes alas eran verdaderos paracaÃdas y ambos cuerpos cayeron cerca del rÃo.
Sin preocuparse por saber de dónde habÃa partido aquel tiro salvador, corrieron todos. Cuando llegaron, el ave habÃa muerto y el cuerpo de Roberto desaparecÃa bajo sus alas. Glenarvan se arrojó sobre el cuerpo del niño, lo acostó sobre la hierba y puso el oÃdo sobre su pecho.