Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur no sólo la sed actual sino también la futura. Thalcave iba adelante, golpeando la maleza para espantar a las vÃboras de una especie muy peligrosa, a cuya mordedura un toro no sobrevive más de una hora. El ágil Thauka saltaba y ayudaba a abrir paso a los otros caballos. En aquellas llanuras bien niveladas andaban con facilidad y rapidez. No habÃa ningún accidente, nada podÃa llamar la atención, salvo a un sabio como Paganel a quien cualquier cosita, la más insignificante, le despertaba sus abundantes conocimientos que transmitÃa a Roberto, quien lo escuchaba con agrado. Siguieron la marcha sin inconvenientes; a la tarde del dÃa siguiente encontraron osamentas de innumerables bueyes, amontonadas y blanqueadas, no en lÃnea recta como las que quedan al borde de los caminos, sino en un gran cÃrculo. Todos se sorprendieron y Paganel recurrió a Thalcave para hallar una explicación. El indio les dijo que se debÃa al fuego del cielo.
-¿Cómo pudo un rayo haber exterminado un rebaño de quinientos animales? -se asombró
Tom Austin.
-Thalcave lo-asegura y yo lo creo, porque sé qué violencia tienen las tempestades en la pampa, más terribles que en las demás regiones. ¡Ojalá no tengamos que soportarlas!
-Hace mucho calor -dijo Wilson.