Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -¿Qué ha dicho? -preguntó-. Creo entender que aconseja que nos dividamos.
-SÃ, en dos grupos. Los que montan caballos ya rendidos por la fatiga y la sed, que apenas pueden dar un paso, continuarán como puedan siempre en la misma dirección del paralelo 37°. Los mejor montados se adelantarán e irán a recorrer el rÃo GuaminÃ, que corre a unos 60 km de aquÃ, si encuentran agua esperarán y si no, regresarán para evitar a los más rendidos un viaje inútil.
-Y entonces? -preguntó Tom Austin.
-Tendremos que ir unos 130 km hacia el sur, cerca de la sierra de la Ventana, donde hay numerosos rÃos.
-El consejo es bueno -dijo Glenarvan-y vamos a ponerlo en práctica cuanto antes. Mi caballo tiene aún fuerzas y me ofrezco a acompañar a Thalcave.
- ¡Oh, milord! Yo también puedo ir -suplicó Roberto-. SÃ, tengo un buen caballo que sólo desea andar. Lléveme, milord.
-Ven, pues, Roberto -dijo Glenarvan, que además no deseaba separarse del niño.
-Y yo? -dijo Paganel.
- ¡Oh, querido Paganel!, -respondió el mayor-será parte del grupo de reserva. Ni Mulrady, ni Wilson, ni yo sabrÃamos llegar solos, no conocemos esta zona, pero iremos seguros en pos de la bandera del buen Santiago Paganel.