Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -SÃ, milord. ¡Era tan bueno! No pensaba más que en nosotros. No habÃa viaje en que a su vuelta no nos trajera recuerdos y, lo que valÃa más, sus caricias y palabras. ¡No dejará de quererlo cuando lo conozca! Mary se le parece; él tiene la voz dulce como ella, aunque sea raro en un marino ¿no es verdad?
-SÃ, muy raro.
-Aún me parece verlo. ¡Oh, buen papá! Cuando era pequeño me dormÃa en sus rodillas tarareándome una tonada escocesa; algunas veces recuerdo la música muy confusamente. ¡Ah, milord!, ¡cuánto lo amamos!
Glenarvan se sentÃa conmovido por esas palabras tan sinceras.
-¿Lo encontraremos, verdad? -agregó Roberto después de unos instantes de silencio.
-SÃ, lo encontraremos. Thalcave nos ha puesto en buen camino, tengo confianza en él.
-Es un buen indio.
-Sin duda.
-¿Sabe, milord, que sólo lo rodean personas honradas? ¡Lady Elena, a quien tanto quiero; el mayor, con su imperturbable calma; el capitán Mangles y Paganel y los marineros del Duncan, tan sufridos y valientes!