Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -Pues es necesario que lo sepa -le dijo mientras llevaba a sus labios una mano del lord. Glenarvan iba a responderle cuando una señal de Thalcave les indicó que apresuraran el paso, pues estaban muy rezagados. Ambos tomaron un paso más rápido, pero pronto se vio que los caballos no podrÃan sostenerlo y fue necesario darles una hora de descanso. La sequedad no disminuÃa; nuevamente marchaban silenciosos, preocupados viendo que las fuerzas de los animales ya estaba llegando a su fin. Sólo Thauka se mantenÃa vigoroso y Thalcave debÃa sofrenarlo, conversaba con su caballo y parece que finalmente lo convenció pues se puso al paso -de los otros y sofrenó sus impulsos de correr hacia donde su instinto empezaba ya a percibir alguna humedad, ya que chasqueaba su lengua y aspiraba con avidez. El patagón reconoció por las manifestaciones de su caballo que el agua estaba cerca y animó a sus compañeros a seguir. También los otros animales parecÃan darse cuenta, pues hicieron un desesperado esfuerzo por galopar.
A eso de las tres de la tarde, apareció una lÃnea blanca que temblaba a los rayos del sol.
- ¡Agua! -exclamó Glenarvan.
- ¡SÃ, sÃ! ¡Agua, agua! -gritó Roberto.