Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur No tuvieron necesidad de apurarlos, los pobres animales corrieron desenfrenados y en pocos minutos llegaron al GuaminÃ. Ensillados como estaban se metieron hasta el pecho en la codiciada agua; los jinetes también se dieron un baño del que no se quejaron, aunque era involuntario.
- ¡Qué buena es el agua! -exclamaba Roberto mientras bebÃa tirado sobre ella.
-Modérate, muchacho -respondió Glenarvan-, sin dar por eso el ejemplo. Sólo se oÃa el pasar del agua por las gargantas. Thalcave bebÃa tranquilamente, sin atragantarse, pero "largo como un lazo".
-En fin, si Thalcave no se la bebe toda, nuestros amigos hallarán agua clara y abundante cuando lleguen.
-¿No podrÃamos ir a buscarlos para ahorrarles penurias?
-SerÃa una buena idea, pero los odres quedaron en poder de Wilson; mejor les prepararemos buena cena y buena cama para esta noche, que seguro llegarán. Ya estaba Thalcave buscando un lugar apropiado para acampar; cerca del rÃo encontró una especie de cercado donde podrÃan encerrar los caballos, ya que ellos ya estaban acostumbrados a dormir al aire libre, les pareció un buen sitio. Los tres se tiraron al sol para secar sus ropas. Pronto decidieron que habÃa que buscar la cena para que los que venÃan atrás no tuvieran quejas de ellos.