Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -Es preciso economizar municiones. Cara nos salió la caza de esta tarde, pues nos ha dejado casi sin pólvora ni plomo. Sólo nos queda para veinte disparos. Roberto no respondió.
-¿Tienes miedo, Roberto?
-No, milord.
- ¡Bien, muchacho!
En aquel momento, Thalcave derribó el primer lobo que se le tiraba encima, luego dejó su puesto a Glenarvan y se dedicó a reunir a la entrada de la ramada todo lo que pudiera quemarse y le prendió fuego. Inmediatamente se iluminó la llanura con sus reflejos movedizos y pudo verse un enorme ejército de lobos, ahora enfurecidos por las llamas; no dejaban de empujarse y algunos avanzaban hasta quemarse las patas; los más audaces recibían un certero tiro. Al cabo de una hora había quince lobos muertos y la situación de los sitiados no era tan grave mientras ardiera el fuego y no se acabaran los tiros. ¿Pero, qué harían cuando ambos se agotaran?