Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Glenarvan miró a Roberto que se conducía tan valientemente y sintió oprimirse su corazón al verlo firme, sin soltar el arma. Pensó que dentro de una hora ya no tendrían salvación y que debían buscar una salida antes. Con gran esfuerzo se puso en comunicación con Thalcave y después de pocas palabras y muchos gestos se llegó a la conclusión de que debían resistir hasta la madrugada, ya que el aguará tiene miedo a la luz y al nacer el día huye a su madriguera. Le hizo conocer esto a Roberto, quien valerosamente aceptó que había que defenderse hasta el día.
-Sí, hijo mío, y cuando sea necesario nos defenderemos con el cuchillo. Thalcave ya daba el ejemplo con su brazo armado lleno de sangre. Con todo, los medios de defensa iban a faltar, no eran aún las dos y sólo les quedaban cinco tiros y todo el combustible ya estaba en la hoguera. Glenarvan miró con una mirada dolorosa a Roberto y pensó en él y en todos sus compañeros y en todos los que amaba. Se acercó al niño y lo abrazó fuertemente mientras pensaba que sería devorado vivo; dos lágrimas involuntarias surcaron sus mejillas. Roberto lo miró sonriendo y le dijo:
- ¡No tengo miedo!
-No, hijo mío, no debes tenerlo. Dentro de pocas horas llegará el día y estaremos salvados.