Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur

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-No importa -respondió Paganel-, con un poco de musgo seco, un rayo de sol y el vidrio de mi anteojo, ya van a ver cómo lo enciendo. ¿Quién va al bosque a buscar leña?

- ¡Yo! -exclamó Roberto y partió seguido de Wilson hacia la copa. Mientras los esperaba, Paganel preparó el "fogón" sobre una capa de hojas húmedas, puso abundante musgo seco y con el auxilio de un fuerte sol pronto logró encender un hermoso fuego sobre el que echó las ramas secas que trajeron Roberto y Wilson; para que el fuego no se ahogara, Paganel se colocó parado encima, como los árabes, y se bajaba y se levantaba rápidamente, con ese movimiento su poncho movía el aire, lo que hizo brotar hermosas llamas de la leña a cuyo calor se secaron las ropas. Pronto prepararon la comida, no muy abundante porque debían guardar para más adelante por si las aguas no bajaban pronto. El ombú no daba nada comestible, pero podrían conseguir huevos frescos en los nidos; también podrían cazar algunos pájaros.

-Ya que tenemos el comedor y la cocina instalados, debemos preocuparnos por los dormitorios. La casa es grande y el alquiler no es mucho, no nos podemos quejar -dijo Paganel-. Allá hay ramas fuertes que nos servirán de hamacas. Estamos cómodos y no tenemos nada que temer, alguno se quedará de guardia por cualquier peligro.

-Yo tengo mi revólver -añadió Glenarvan.

-Y yo el mío -añadió Roberto.


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