Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Muy pronto, de sur a norte, se tendió una franja fosfórica de intenso resplandor que inflamó las nubes; las aguas reflejaban ese incendio del cielo. Todos contemplaron con curiosidad y temor aquel aterrador espectáculo. En seguida se abrieron las cataratas del cielo, ¿serÃa esa lluvia el fin de la tormenta? ¿Sólo un chaparrón tendrÃan que sufrir los viajeros? No, en el extremo de una rama apareció un globo inflamado del tamaño de una naranja, rodeado de humo negro; la esfera giró sobre sà misma y finalmente reventó con estruendo y llenó la atmósfera de vapor sulfuroso. Inmediatamente se oyó la voz de Tom Austin:
- ¡Fuego en el árbol!
La llama se propagó rápidamente devorando ramas secas, nidos y la misma corteza del árbol; el viento que se levantó avivaba el incendio. Glenarvan y sus compañeros se refugiaron en el lado opuesto, mudos y asombrados; las ramas chasqueaban y se retorcÃan; las llamas se elevaban y envolvÃan el ombú como una túnica. Todos estaban aterrorizados, sofocados por el humo y abrasados por el calor insoportable; el incendio avanzaba hacia ellos que ya se veÃan condenados a morir.
La situación era insostenible y de dos muertes se eligió la menos cruel.
- ¡Al agua! -gritó Glenarvan.
Wilson, alcanzado por las llamas, acababa de tirarse cuando se lo oyó exclamar: