Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur El ombú navegó durante dos horas sin llegar a tierra firme. Poco a poco se fueron apagando las llamas; ya había desaparecido el peligro principal, tanto que el mayor opinó que no le parecía imposible que se salvasen.
La corriente siempre iba de sudeste a noroeste. La oscuridad, sólo iluminada de cuando en cuando por algún relámpago tardío, era profunda; la tempestad había terminado, las nubes se abrían y dejaban ver franjas del cielo.
El ombú seguía su rápida marcha, pero a eso de las tres de la madrugada les pareció que las raíces rozaban abajo. Tom Austin sondeó con una rama y observó que el suelo se iba elevando; veinte minutos después hubo un choque y el ombú se detuvo bruscamente.
- ¡Tierra! ¡Tierra! -gritó Paganel.
Roberto y Wilson pusieron rápido pie en tierra y al instante sintieron un silbido conocido que les hizo gritar de alegría:
- ¡Thalcave! -dijo Roberto.
- ¡Thalcave! -corearon todos.
-¡Amigos! -dijo el patagón que había esperado donde la corriente debía llevarlos como lo había llevado a él.
