Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -Paciencia, Edward, en dos horas estaremos allÃ.
- ¡Dos horas!
En efecto, el bote movido por seis remeros no podrÃa hacer en menos tiempo y con el mar tan agitado el trayecto de ida y vuelta.
Glenarvan se dirigió a Thalcave que miraba el Duncan al lado de Thauka.
-Ven -le dijo tomándolo de una mano. El indio movió lentamente la cabeza.
-Ven, amigo -repitió Glenarvan.
-No, aquà está Thauka y allà las pampas -dijo señalando con sus manos las extensas llanuras. Glenarvan comprendió que el indio no querÃa abandonar la tierra donde estaban los huesos de sus padres; por eso no insistió y tampoco se atrevió a insistir cuando se negó a admitir el pago por sus servicios, diciéndole:
-Por amistad.
Glenarvan no pudo contestarle, hubiera querido al menos dejarle algo de recuerdo; nada tenÃa, todo lo habÃan perdido; no sabÃa cómo demostrarle su gratitud; recordó de pronto algo y sacó de su cartera un medallón precioso, un retrato, obra maestra de Lawrence, y se lo entregó:
-Mi esposa.