Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur

Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Iniciaron la marcha con un día espléndido, el cielo estaba puro y una brisa marina refrescaba los ardores del sol. A buen paso siguieron por las playas de Talcahuano y cincuenta y cinco kilómetros al sur hallaron la extremidad del paralelo. La marcha fue rápida, se habló poco, y los adioses de despedida habían dado cierta amargura en el corazón de los viajeros que aún podían ver el humo del Duncan que se perdía en el horizonte. Todos iban silenciosos, salvo Paganel que, solo, se preguntaba y se respondía a sí mismo en español. El capataz era también bastante taciturno, apenas hablaba a sus peones que eran prácticos y sabían bien hacer marchar a algún mulo detenido con un grito gutural o con una pedrada certera. Si se rompía una brida o se desataba una cincha, se quitaban el poncho con el que tapaban la cabeza del animal y solucionaban el problema para seguir enseguida la marcha. Los arrieros acostumbraban partir a las ocho, después de desayunar, y marchaban hasta las cuatro de la tarde. Glenarvan aceptó esta costumbre y cuando el capataz dio la voz de alto, los viajeros llegaban a la villa de Arauco*, situada en la extremidad de la bahía, sin haber abandonado la espumosa playa del océano. Podrían haber avanzado hacia el oeste unos 35 km para hallar el extremo del paralelo, pero esa zona ya había sido revisada por los emisarios mandados por Glenarvan sin encontrar restos del naufragio, así que una nueva expedición sería inútil; partirían, por lo tanto, desde Arauco en línea recta hacia el este. La caravana entró en la ciudad para pasar la noche y acampó en medio del patio de una


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker