Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¿Estamos en comunicación constante con los gobiernos de Yeniseisk Omsk, Semipalatinsk y Tobolsk desde el comienzo de la invasión?
-SÃ, señor; nuestros despachos llegan hasta ellos y tenemos la certeza de que, en estos momentos, los tártaros no han avanzado más allá del Irtiche y del Obi.
-¿No se tiene ninguna noticia del traidor Ivan Ogareff ?
-Ninguna -respondió el general Kissoff-. El jefe de policÃa no está seguro de si ha atravesado o no la frontera.
-¡Que se transmitan inmediatamente sus señas a Nijni-Novgorod, Perm, Ekaterinburgo, Kassimow, Tiumen, Ichim, Omsk, Elamsk, Kolivan, Tomsk y a todas las estaciones telegráficas con las que todavÃa mantenemos comunicación!
-Las órdenes de Vuestra Majestad serán ejecutadas al instante -respondió el general Kissoff.
-No digas una palabra de todo esto.
El general hizo un gesto de respetuosa adhesión y, después de una profunda reverencia, se confundió entre el gentÃo y abandonó el Palacio sin que nadie reparase en su partida.