Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Era mi deber, hermano.
-¿Pero no sabes que el país está sublevado e invadido y queda convertido casi en infranqueable?
-Cuando dejé Riga no se tenían aún noticias de la invasión tártara -respondió la joven-. Fue en Moscú donde me puse al corriente de los acontecimientos.
-¿Y, a pesar de ello, continuaste el viaje?
-Era mi deber.
Esta frase resumía todo el valeroso carácter de la muchacha. Era su deber y Nadia no vacilaba en cumplirlo.
Después le habló de su padre. Wassili Fedor era un médico muy apreciado en Riga donde ejercía con éxito su profesión y vivía dichoso con los suyos. Pero al ser descubierta su asociación a una sociedad secreta extranjera, recibió orden de partir hacia Irkutsk y los mismos policías que le comunicaron la orden de deportación, le condujeron sin demora más allá de la frontera.
Wassili Fedor no tuvo más que el tiempo necesario para abrazar a su esposa, ya bastante enferma por entonces, y a su hija, que iba a quedar sin apoyo, y partió, llorando por los dos seres que amaba.