Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Como se sabe, era en Ichim donde los dos corresponsales tenÃan la intención de detenerse, es decir, a seiscientas verstas de Ekaterinburgo. AllÃ, según se desarrollasen los acontecimientos, se internarÃan en las regiones invadidas, bien juntos o bien por separado, siguiendo su instinto, que les iba a llevar sobre una u otra pista. Ahora bien, este camino de Ekaterinburgo a Ichim, que se prolonga hacia Irkutsk, era el único que podÃa tomar Miguel Strogoff, pero él no corrÃa detrás de la noticia y, por el contrario, querÃa evitar atravesar un paÃs devastado por los invasores, por lo que estaba dispuesto a no detenerse en ningún lugar.
-Señores -dijo a sus nuevos compañeros-, me satisface mucho hacer en su compañÃa esta parte del viaje, pero debo prevenirles que me es extraordinariamente urgente nuestra llegada a Omsk, ya que mi hermana y yo vamos a reunirnos con nuestra madre y quién sabe si no llegaremos antes de que los tártaros hayan invadido la ciudad. No me detendré, por tanto, más que el tiempo necesario para cambiar los caballos, y viajaré noche y dÃa.
-Nosotros nos proponemos también hacer lo mismo -respondió Harry Blount.
-Sea, pero no pierdan ni un instante. Alquilen o compren un carruaje...
-Cuyo tren trasero pueda llegar a Ichim al mismo tiempo que el de delante -precisó Alcide Jolivet.