Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Había mongoles de talla mediana, cabellos negros y atados en una trenza que les caía sobre la espalda, cara redonda, tez curtida, ojos hundidos y vivos y barbilampiños, que vestían ropas de mahón azul guarnecidas con piel negra, ajustadas al cuerpo mediante cinturones de cuero con hebilla de plata, calzados con botas adornadas con vistosas trencillas y cuya cabeza cubrían con gorros de seda, adornados con tres cintas que ondeaban tras ellos. Por último, veíanse también a los afganos, de piel curtida, árabes de tipo primitivo de las bellas razas semíticas, y turcomanos, a cuyos ojos parecían faltarles los párpados. Todo este conglomerado estaba alistado bajo la bandera del Emir; bandera de los incendiarios y devastadores. Además de estos soldados libres, había también un cierto numero de soldados esclavos, principalmente persas, que iban mandados por oficiales del mismo origen y que, ciertamente, no eran los menos estimados en el ejército de Féofar-Khan. Aparte de todos estos soldados, había numerosos judíos encargados de los servicios domésticos, que llevaban la ropa ceñida al cuerpo con una cuerda y cubrían su cabeza con pequeños bonetes de paño oscuro, porque tenían prohibido llevar el clásico turbante. Mezclados con todos estos grupos de hombres, había unos centenares de los llamados kalendarios, especie de religiosos mendicantes, que vestían ropas hechas jirones, recubiertas con pieles de leopardo.