Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Ahà estaba el aspecto desagradable que significaba la presencia de Ivan Ogareff. No obstante, una feliz circunstancia que provocó su llegada fue la orden dada de levantar aquel mismo dÃa el campamento y trasladar a Tomsk el cuartel general. Esto significaba el cumplimiento del más vivo deseo de Miguel Strogoff. Su intención, como se sabe, era llegar a Tomsk confundido entre el resto de los prisioneros; es decir, sin riesgo de caer en manos de los exploradores que hormigueaban en las inmediaciones de aquella importante ciudad. Sin embargo, a causa de la llegada de Ivan Ogareff y ante el temor de ser reconocido por él, debió de preguntarse si no le convendrÃa renunciar a aquel primer proyecto e intentar huir durante el viaje. Miguel Strogoff iba, sin duda, a decidirse por esta segunda solución, cuando supo que Féofar-Khan e Ivan Ogareff habÃan partido ya hacia la ciudad, al frente de algunos millares de jinetes.
-Esperaré, pues -se dijo-, a menos que se me presente alguna ocasión excepcional para huir. Las oportunidades malas son numerosas más acá de Tomsk, mientras que más allá crecerán las buenas, ya que en varias horas habré traspasado los puestos más avanzados de los tártaros hacia el este. ¡Tres dÃas de paciencia aún y que Dios venga en mi ayuda!