Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

-¿Y en aquel momento de humillación, le despreciaste? -preguntó Marfa, levantando la cabeza y mirando a Nadia como si hubiera querido leer hasta en lo más profundo de su alma.

-¡Le admiré sin comprenderlo! -respondió la joven-. ¡Nunca le vi tan digno de respeto!

La anciana calló unos instantes.

-¿Era alto? -preguntó después.

-Muy alto.

-Y muy guapo, ¿no es así? Vamos, habla, hija mía.

-Era muy guapo -respondió Nadia, enrojeciendo.

-¡Era mi hijo! ¡Te digo que era mi hijo! -grito la anciana abrazando a la joven.

-¡Tu hijo! ¡Tu hijo! -exclamó Nadia, confusa.

-¡Vamos! -dijo Marfa-. ¡Termina, hija mía! ¿Tu compañero, tu amigo, tu protector, tenía madre? ¿No te habló nunca de su madre?

-¿De su madre? -replicó Nadia-. Me hablaba de su madre a menudo, como yo le hablaba de mi padre; siempre, todos los días. ¡Él adoraba a su madre!

-¡Nadia, Nadia! ¡Acabas de contarme la historia de mi hijo! -dijo la anciana, agregando impetuosamente-. ¿No debía ver en Omsk a esa madre a la que tanto dices que adoraba?

-No -respondió la joven-, no debía verla.

-¿No? -gritó la anciana-. ¿Te atreves a decirme que no?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker