Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Espera, hija mÃa! ¡La desgracia no se cebará siempre sobre ti! ¡Tengo el presentimiento de que verás a tu padre y, tal vez aquel que te dio el nombre de hermana no haya muerto! ¡Dios no puede permitir que haya perecido tan noble compañero ... ! ¡Espera, hija mÃa, espera! ¡Haz como yo! ¡El luto que llevo no es por mi hijo!
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Tal era entonces la situación de Marfa Strogoff y de Nadia, la una junto a la otra. La vieja siberiana lo habÃa comprendido todo; y si la joven ignoraba que su añorado compañero aún vivÃa, por lo menos sabÃa quién era la mujer a la que habÃa tenido por madre y le daba las gracias a Dios por haberle dado la alegrÃa de poder reemplazar al lado de la prisionera al hijo que habÃa perdido.
