Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El primer impulso de los prisioneros hubiera sido el precipitarse en las aguas del río, pero los guardianes no les permitieron romper filas hasta que estuviera organizada la parada. Pese a que la corriente del Tom era casi torrencial en esa época, podía favorecer la huida de algunos audaces o desesperados, por lo que fueron tomadas las más severas medidas de vigilancia. Con barcas requisadas en Zabediero se formó una barrera de obstáculos imposible de franquear. En cuanto a la línea del campamento, apoyada en las primeras casas del pueblo, quedaba guardada por un cordón de centinelas igualmente impenetrable.
Miguel Strogoff, que en aquellos momentos habría podido pensar en lanzarse a la estepa, comprendió, después de haber estudiado detenidamente la situación, que sus proyectos de fuga eran casi inejecutables en aquellas condiciones y, no queriendo comprometerse en nada, esperó.