Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Y, empujándola con la mano, la condujo frente a Ivan Ogareff, en el centro de aquel espacio cerrado.
Marfa Strogoff, al encontrarse cara a cara con Ivan Ogareff, enderezó el cuerpo, cruzó los brazos y esperó.
-Tú eres Marfa Strogoff, ¿no es cierto? -preguntó el traidor.
-Sí -respondió la anciana con calma.
-¿Rectificas lo que me constestaste cuando te interrogué en Omsk, hace tres días?
-No.
-¿Asi pues, ignoras que tu hijo, Miguel Strogoff, correo del Zar, ha pasado por Omsk?
-Lo ignoro.
-Y el hombre en el que creíste reconocer a tu hijo en la parada de posta ¿no era él?
¿No era tu hijo?
-No era mi hijo.
-¿Y no lo has visto después, entre los prisioneros?
-No.
Tras esta respuesta, que denotaba una inquebrantable resolución de no confesar nada, un murmullo se levantó entre la multitud de prisioneros. Ivan Ogareff no pudo contener un gesto de amenaza.
-¡Escucha! -gritó a Marfa Strogoff-. ¡Tu hijo está aquí y tú vas a señalarlo inmediatamente!