Miguel Strogoff
Miguel Strogoff En aquel momento, Sangarra se le acercó murmurándole:
-No tengo nada nuevo que decirte, Ivan.
Ivan Ogareff respondió dando una breve orden a uno de sus oficiales. Enseguida, las filas de prisioneros fueron brutalmente recorridas por los soldados. Aquellos desgraciados, estimulados a golpes de látigo o empujados a punta de lanza, tuvieron que levantarse con toda rapidez y formar en la circunferencia del campamento. Un cuádruple cordón de infantes y jinetes dispuestos tras ellos hacía imposible cualquier tentativa de evasión.
Pronto se hizo el silencio y, a una señal de Ivan Ogareff, Sangarra se dirigió hacia el grupo entre el cual se encontraba Marfa Strogoff.
La anciana la vio venir y comprendió lo que iba a pasar. Una sonrisa desdeñosa apareció en sus labios; después, inclinándose hacia Nadia, le dijo en voz baja:
-¡Tú no me conoces, hija mía! Ocurra lo que ocurra y por dura que fuese la prueba, no digas una palabra ni hagas ningún gesto. Se trata de él, y no de mí. En ese momento, Sangarra, después de haberla mirado por unos instantes, puso su mano sobre el hombro de la anciana.
-¿Qué quieres de mí? -le preguntó Marfa Strogoff.
-Ven -respondió Sangarra.