Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Su hijo se encontraba en las últimas filas y cuando le tocó el turno de pasar delante de su madre, Nadia cerró los ojos para no verlo.
Miguel Strogoff permanecía aparentemente impasible, pero las palmas de sus manos sangraban a causa de las uñas que se habían clavado en ellas.
¡Ivan Ogareff había sido vencido por la madre y el hijo!
Sangarra, situada cerca de él, no pronunció más que dos palabras:
-¡El knut!
-¡Sí! -gritó Ivan Ogareff, que no era dueño de sí mismo-. ¡El knut para esta vieja bruja! ¡Hasta que muera!
Un soldado tártaro, llevando en la mano ese terrible instrumento de tortura, se acercó lentamente a Marfa Strogoff.