Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¿Y dejar morir a su madre bajo el knut?
-¿Cree usted que tanto ella como su hermana correran mejor suerte con su comportamiento?
-Yo no creo nada; yo no sé nada -respondió Alcide Jolivet-. ¡únicamente sé lo que yo hubiera hecho en su lugar! ¡Qué cicatriz! ¡Qué diablos, es necesario que a uno le hierva la sangre alguna vez! ¡Dios nos habría puesto agua en las venas, en lugar de sangre, si nos hubiera querido conservar siempre imperturbables ante todo!
-¡Bonito incidente para una crónica! -dijo Harry Blount-. Si Ivan Ogareff quisiera comunicamos el contenido de la carta...
Ivan Ogareff, después de manchar la carta con la sangre que le cubría el rostro, había roto el sello y la leyó y releyó largamente, como si hubiera querido penetrar todo su contenido.
Terminada la lectura, dio órdenes para que Miguel Strogoff fuera estrechamente agarrotado y conducido a Tomsk con los otros prisioneros, tomó el mando de las tropas acampadas en Zabediero y, al ruido ensordecedor de los tambores y trompetas, se dirigió hacia la ciudad donde esperaba el Emir.
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