Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El peligro se hizo mucho mayor porque la carreta ya no oblicuaba hacia la orilla oriental, sino que daba vueltas con extrema rapidez, inclinándose hacia el centro del torbellino como un jinete en la pista de un circo. Su velocidad era excesiva y el caballo apenas podÃa mantener la cabeza fuera de la superficie del agua, corriendo el peligro de morir ahogado. Serko se habÃa visto obligado a subir a la kibitka para encontrar un punto de apoyo.
Miguel Strogoff comprendió lo que pasaba, al sentirse empujado siguiendo una lÃnea circular que se estrechaba poco a poco y del que no podrÃan salir. No dijo ni una sola palabra, pero sus ojos hubieran querido ver el peligro para evitarlo más fácilmente...
¡Pero no podÃan ver!
Nadia estaba también callada. Sus manos, asidas con fuerza al vehÃculo, la sostenÃan contra los movimientos desordenados del aparato, el cual se inclinaba más y más hacia el centro del vórtice.
En cuanto a Nicolás, ¿es que no comprendÃa la gravedad de la situación? ¿Era flema, desprecio al peligro, coraje o indiferencia? ¿No tenÃa valor la vida para él y, siguiendo la expresión de los orientales, pensaba que era una «parada de cinco dÃas» que de grado o por fuerza, hay que dejar al sexto? En cualquier caso, su risueño rostro no se nubló ni un instante.