Miguel Strogoff
Miguel Strogoff La orilla del río, en aquel lugar, formaba una pendiente suave, favorable para el lanzamiento de la kibitka al agua. El caballo la arrastró hasta la misma orilla y pronto el aparejo flotaba sobre la superficie del río. Serko se echó al agua valientemente, siguiendo a nado a la carreta.
Los tres pasajeros, que se habían descalzado por precaución, se sostenían de pie sobre la caja, pero gracias a los odres, el agua no les llegaba siquiera a los tobillos. Miguel Strogoff llevaba las riendas del caballo y, según las indicaciones que le iba suministrando Nicolás, dirigía oblicuamente al animal, pero sin exigirle grandes esfuerzos, porque no quería hacerle luchar contra la corriente. Mientras la kibitka siguió el curso de las aguas, todo fue bien y al cabo de varios minutos habían dejado atrás los barrios de Krasnolarsk, pero cuando empezaron a desviarse hacia el norte, se puso en evidencia que llegarían a la otra orilla muy alejados de la ciudad. Pero esto importaba poco.
La travesía del Yenisei se hubiera realizado, pues, sin grandes dificultades, hasta con aquel aparejo tan imperfecto, si la corriente hubiera sido regular. Pero, desgraciadamente, aquellas tumultuosas aguas estaban cruzadas en su superficie por muchos torbellinos y pronto la kibitka, pese al vigor que empleaba Miguel Strogoff para hacer que se desviara, fue irremisiblemente arrastrada hacia uno de aquellos vórtices.