Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Estos grandes cursos de agua del territorio siberiano, sobre los cuales todavĂa no se ha levantado ningĂşn puente, son los más serios obstáculos con que se enfrentan las comunicaciones. Todos ellos habĂan sido más o menos funestos para Miguel Strogoff. Sobre el Irtyche, el transbordador que le conducĂa con Nadia habĂa sido atacado por los tártaros. En el Obi, despuĂ©s de morir su caballo, herido por una bala, habĂa podido escapar de milagro de los jinetes que le perseguĂan. En definitiva, el paso del Yenisei era todavĂa el que se habĂa realizado con mayor fortuna.
-¡Esto no hubiera sido tan divertido -exclamĂł Nicolás, cuando ya se encontraban sobre la orilla derecha del rĂo-, si no hubiese sido tan difĂcil!
-Lo que para nosotros no ha sido más que difĂcil, puede que sea imposible para los tártaros.
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Miguel Strogoff podĂa, al fin, creer que la ruta hacia Irkutsk estaba libre. Se habĂa adelantado a los tártaros, retenidos en Tomsk, y cuando los soldados del Emir llegaran a Krasnoiarsk, sĂłlo encontrarĂan una ciudad totalmente abandonada y sin ningun medio de comunicaciĂłn inmediato entre las dos orillas del Yenisei, lo que retardarĂa unos dĂas más su partida, hasta que montasen un puente de barcas, lo cual era difĂcil, lento y laborioso.
