Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Eran las siete de la mañana cuando el grupo reanudó la marcha hacia el Este.
Dick Sand no dejaba de observar a su alrededor, fijándose en los variados tipos de vegetación característicos de la tierra que cruzaba y otros detalles que creía podían serle de interés. Hacía muchas preguntas a Harris que éste contestaba con largas explicaciones.
- ¿Será necesario cruzar los Andes? -preguntó una vez el grumete.
-Tranquilícese, amigo -contestó Harris-. No abandonaremos esta llanura, cuyas elevaciones más considerables no exceden de 1.500 pies. Sin medio de transporte no me hubiera comprometido a esta aventura si hubiese sido preciso cruzar la cordillera.
-O sea -comentó Dick-, que habría sido preferible subir o bajar por la costa.
-En efecto, hubiera sido mucho mejor, de no dirigirnos a la hacienda de mi hermano que está situada en esta parte de la región. Nuestro viaje no ha de ofrecer más dificultades que las halladas hasta ahora. Además, aunque consideremos que este bosque es inmenso, estoy acostumbrado a viajar por selvas y cualquier detalle me es suficiente para orientarme. No tema, amigo. Tenga la seguridad de que les conduciré adonde vamos.