Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Las miradas de Dick Sand y de Tom se cruzaron como llevadas por un mismo presentimiento.
-Diríase que olfatea a lo lejos -observó Tom.
-A Negoro ¿no es cierto? -inquirió el grumete, mientras hacía una seña a su compañero para que no levantase la voz.
Tom asintió.
-Creo que este hombre no debe andar muy lejos -comentó Dick-. Y ello puede deberse a varios motivos. A que no conoce el país, en cuyo caso habrá tenido mucho interés en no perdernos de vista, o que lo conoce muy bien, y entonces...
Tom no podía ocultar su ansiedad.
- ¿Cómo sería posible que Negoro conociera esta región si nunca ha estado en ella?
Una mueca de ironía se perfiló en el rostro de Dick. Llamó a Dingo y le azuzó:
-¡Eh! ¡Negoro! ¡Negoro!
Aquel nombre produjo en el perro el efecto habitual. Lanzó un furioso ladrido y se abalanzó hacia delante, como si el portugués estuviese oculto en aquella maleza.
Harris, que se había dado cuenta de lo que ocurría, se acercó a Dick y con los labios apretados preguntó:
- ¿Qué le sucede al perro?