Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Caminaban con rapidez pero con prudencia, y en varias ocasiones pudieron ver huellas recientes de seres humanos y también de animales.
En aquella primera jornada volvieron a ver jirafas que huyeron a grandes zancadas, espantadas por la aparición de la caravana.
A mediodía habían recorrido unas tres millas sin el menor contratiempo. Ni Negoro ni Harris habían dado señales de vida como tampoco Dingo que continuaba sin dejarse ver.
Se estableció un alto en una espesura de bambúes con el fin de descansar y tomar algún alimento.
Se habló poco y menos se comió, muy especialmente la señora Weldon, que tomó a su hijo entre sus brazos.
Dick Sand se creyó en la obligación de indicar a la apesadumbrada dama que podía tener confianza en la completa curación de su hijo que, como se ha dicho, se encontraba atacado de fiebres intermitentes.
-Livingstone -explicó Dick- ha observado que por regla general y en la época de las fiebres, éstas pueden evitarse huyendo del sitio donde se han contraído. Espero que Jack no vaya a desmentir esta aseveración, puesto que vamos huyendo de los lugares donde cayó enfermo.