Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años XIX
UN EXTRAÑO REFUGIO
Los senderos estaban invadidos por las zarzas y la maleza y los negros tenían que trabajar sin descanso para abrirse paso entre aquella espesura.
Era tarea ardua, ya que en aquellas condiciones tuvieron que andar casi una milla, hasta que por fin se abrió ante ellos una amplia brecha que comunicaba con un riachuelo y seguía su ribazo. Aquello constituía, sin duda, un paso para los elefantes, cuyas pisadas aparecían claramente en el suelo, de naturaleza esponjosa.
También seres humanos habían seguido más de una vez aquel camino, pero en las mismas condiciones en que los rebaños son llevados al sacrificio. Esparcidos por el suelo podían verse restos de esqueletos medio roídos por las fieras, algunos de los cuales ostentaban aún las trabas de la esclavitud.
Dick Sand y sus compañeros se encontraban, sin lugar a dudas, en un camino que había seguido, Dios sabe cuándo, una caravana de esclavos.
La señora Weldon contemplaba aquel espectáculo macabro con horror, sin comprender lo que tenía ante sus ojos.