Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Será conveniente reconocer el suelo antes de caminar sobre él -advirtió Dick Sand, deteniendo la caravana-. Estos terrenos son peligrosos y será preciso cruzarlos antes de que estalle la tormenta.
Hércules tomó al pequeño Jack en brazos. La señora Weldon, custodiada por Bat y Austin por si fuera necesario sujetarla, en algunas ocasiones creyó no poder seguir avanzando por aquel barrizal; más, por fin, a las cinco de la tarde, y después de vencer con gran esfuerzo todos los inconvenientes, el pantano quedó franqueado y el suelo cobró una mayor consistencia.
Enormes nubes tormentosas cruzaban el espacio y bien pronto los lejanos relámpagos y truenos hicieron su aparición en las profundidades del firmamento. Iba a estallar una formidable tormenta.
Hacia el Norte, una serie de colinas, aunque poco elevadas, parecían limitar la llanura pantanosa. Algunos árboles se recortaban en el firmamento.
Los náufragos tomaron aquella dirección que, aun a falta de otro refugio, les situaría altos en caso de avenida.
-¡Adelante! -gritaba Dick, infundiendo ánimos a sus compañeros.
Anduvieron a paso ligero, y cuando estalló la tormenta aún les faltaban dos millas para alcanzar su objetivo. La oscuridad se hizo casi absoluta, a pesar de que el Sol no había llegado aún al horizonte.