Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años 9 de mayo: al amanecer se ha reanudado la marcha sin rezagados, porque el látigo del havildar se estrella en la espalda de los que están abrumados por la fatiga o la enfermedad. Estos esclavos representan dinero, y mientras les queden fuerzas para caminar, no quieren dejarlos atrás.
10 de mayo: llegada la noche, nos detenemos para establecer el campamento bajo unos enormes árboles. Algunos prisioneros que la víspera habían conseguido escapar han sido apresados de nuevo y son castigados con una crueldad sin límites.
No puedo dormir y me parece oír ruido entre la crecida hierba. Escucho atentamente y comprendo que un animal cruza entre los cañaverales. Estoy sin armas, pero me defenderé. La noche es oscura y trato de ver entre las profundas tinieblas.
En la sombra relucen dos ojos, que igual pueden ser de una hiena que de un leopardo. Desaparecen y vuelven a aparecer.