Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años 29 y 30 de abril: el invierno africano deja sentir sus primeros fríos. Termina la estación lluviosa, pero las llanuras se ven aún extensamente inundadas.
Ninguna señal de la señora Weldon, ni del señor Benedicto. ¿Dónde estarán? ¿Vivirá aún el pequeño Jack? La inquietud me devora.
Del 1 al 6 de mayo: no se ve el límite de la llanura inundada y hay que caminar en las tinieblas. Cuando se caen, ¿por qué levantarse? Algunos instantes más bajo las aguas y todo ha terminado. Mañana faltarán muchos esclavos en la caravana. Mis fuerzas también se debilitan, pero mi deber es resistir hasta el final.
En las tinieblas resuenan espantosos gritos de angustia. Doce o quince cocodrilos se han arrojado sobre el flanco de la caravana, apresando a cuantos han podido.
Del 7 al 8 de mayo: se ha hecho un recuento, comprobándose que veinte esclavos han desaparecido. He buscado a Tom y a los otros. ¡Están vivos! ¡Loado sea Dios! Tom ha podido verme a su vez. Busco a la anciana Nan, que no veo por ninguna parte. ¿Habrá muerto?
Por fin, hoy la llanura inundada queda atrás y acampamos sobre una colina. El sol nos seca un poco y nos es servido algo de mandioca y unos puñados de maíz. Sólo puede beberse agua enturbiada.
No es posible que la señora Weldon y su hijo hayan pasado tantas privaciones. La valerosa mujer no habría podido resistirlo.